martes, 23 de mayo de 2017

HIPERPATERNIDAD

¡Cuidado! Llega la hiperpaternidad

Los expertos alertan: los niños de hoy son víctimas de una nueva epidemia de sobreprotección que les impide ser autónomos y les hace frágiles. 







Si usted carga con las mochilas de sus hijos en cuanto salen del colegio, ¡cuidado!, podría entrar dentro una nueva categoría: los hiperpadres, temidos por maestros y pedagogos, que organizan hasta el último detalle de las vidas de sus hijos y no les dan opciones para valerse por si mismos. 
Pero, además del pequeño detalle de la mochila, ¿cómo reconocer si formamos parte de ese grupo? La periodista Eva Millet lo define perfectamente en su último libro: los hiperpadres hablan en plural cuando se refieren a las cosas de sus hijos («hoy tenemos examen de matemáticas»), están obsesionados con que reciban la mejor educación (a poder ser, precozmente) en el mejor colegio o universidad, discuten constantemente las posiciones de maestros y entrenadores, planean  numerosas actividades extraescolares y, sin embargo, no permiten que sus hijos participen en las tareas de  la casa ni asuman obligaciones básicas como hacerse la cama o poner la mesa. 

Padres mayordomos

Son padres que ejercen de chóferes, entrenadores, guardaespaldas, profesores particulares y mayordomos... en resumen: estresados, que acaban criando hijos agobiados que crecen incapacitados por exceso de protección. Las causas, según explica el experto Carl Honoré en el libro, pueden buscarse en la «tormenta perfecta en la que intervienen la globalización y un aumento de competencia que, unidos a la inseguridad cada vez mayor en los lugares de trabajo, nos han hecho más ansiosos respecto a preparar a nuestros hijos para la vida adulta». En resumen: «hoy queremos dientes perfectos, un cuerpo perfecto, las vacaciones y la casa perfecta y, obviamente, los niños perfectos para completar el cuadro». A esto hay que sumar el estrés del estilo de vida que nos han impuesto, que transmitimos a nuestros hijos con ese omnipresente «¡corre!» que nos persigue sin descanso y hace que, como explica la pedagoga Cristina Gutiérrez Lestón, «toda esta falta de tiempo y de espacio para 'ser' genere una serie de carencias emocionales en muchos niños y niñas, que no saben desenvolverse en un grupo de gente. Se sienten débiles y con un montón de  miedos».
La conclusión, aseguran, es preocupante: tal vez estemos criando la generación más frágil e insegura de la historia», lo que para Gregorio Luri, filósofo y pedagogo, debería hacernos pensar que, ante todo, los niños necesitan unos padres relajados. «Es un derecho de la infancia», asegura.

¿Por dónde empiezo?

A pesar de la alarma, el panorama tiene solución. El camino a seguir se llama underparenting, o, en otras palabras, hacerles menos caso a los hijos. ¿Y cómo se hace eso? La experta propone en el libro algunas claves para poder empezar,que comienzan, otra vez, con la mochila. «Usted no ha de cargar por sistema con sus cosas. Parece una nimiedad, pero que carguen ellos con su mochila es una forma efectiva de educar la responsabilidad».
También sugiere que no se les permita a los niños interrumpir las conversaciones, y que no les preguntemos sistemáticamente todo (desde qué quiere comer hasta qué medicamento prefiere tomarse para la fiebre). La línea a seguir se define como «sana desatención», sin anticipar todo tipo de contratiempos ni pasarse el día alrededor de los niños para intervenir a la mínima de cambio. En la lista de recomendaciones se incluyen otras muy curiosas y concretas, como la de no hablar en plural o no pasarse el día colgando fotos de los hijos en las redes sociales. «Esta avalancha, no solo esta consiguiendo matar la espontaneidad infantil, sino también crear pequeños narcisos».
Otro aspecto importante es el de la educación. Aquí la experta es clara: «la educación no consiste solamente en adquirir títulos (). Que su hijo o hija sean capaces de dar las gracias y de encajar una frustración es también parte fundamental de su formación». Es importante, además, no interferir demasiado en las decisiones del colegio e intentar que el niño aprenda a asumir sus propios errores.

Relájense, sin miedo

Pero ¿qué es lo que nos impide soltar a nuestros hijos de la mano? ¿por qué los sobreprotegemos hasta rozar muchas veces el ridículo? Pues algo tan humano como el miedo. «Miedo a equivocarnos -explica la autora-. A decirles «no». A traumatizarlos. A o darles todo lo que consideramos que se merecen. A no conseguir que sean felices. A que sufran. Incluso a no conseguir esos hijos perfectos que parece que hoy todos hemos de tener». La receta para superarlo es relajarse, y disfrutar de ser padres, para que también ellos disfruten de ser hijos. «Mi consejo es que sean afectuosos con sus hijos, que estén con ellos cuando lo necesiten pero no encima de ellos todo el día. Que no se pongan nerviosos porque el hijo del vecino esté aprendiendo chino y, según sus padres, sea una criatura rayana a la perfección». Hay que decir no, exigirles que colaboren y también «decirles que les queremos, pero que ello no equivale a que tengan una serie de derechos adquiridos, ni sobre ustedes ni sobre el resto del mundo».

¿ QUÉ PIENSA UN NIÑO DE LOS PADRES?



¿Te has parado alguna vez a pensar cómo tus hijos ven un día o una tarde normal a tu lado?
Me he encontrado con este vídeo por casualidad y me ha gustado mucho. Ilustra un día normal en la vida de una mamá y, posteriormente el mismo día… desde el punto de vista del niño. Voy a dejar aparte la polémica de que el vídeo tiene una imagen un poco machista, con una mamá que hace todo y un papá que sólo da el beso de buenas noches.  Creo que el vídeo puede ilustrar la realidad de cualquier mamá, papá, profesor, profesora, abuelo, abuela  que dedique gran parte de su día a uno o varios niños pequeños. Y creo que el mensaje final…merece mucho la pena.
Quizás nunca te hayas parado a pensar cómo tus hijos viven un día normal a tu lado. Pero creo que este vídeo te puede ayudar a recordar que todos los esfuerzos que hacemos a diario…merecen mucho la pena!! Estoy seguro que, por lo menos, a los ojos de tus hijos, nietos o alumnos esos momentos son únicos!!

lunes, 15 de mayo de 2017

CON GRITAR A NUESTROS HIJOS/AS ¿ CONSEGUIMOS ALGO?

¿Cómo puedo dejar de gritar a mis hijas?


Testimonio de cómo lo ha realizado una mamá:

Hace poco compartía en Facebook dos posts que escribí tiempo atrás. El primero era sobre el propósito que me hice hace ya casi dos años, donde me proponía tener una casa libre de gritos y llena de paciencia. El segundo era sobre una recaída que tuve, poco tiempo después de ese propósito. Ese post estaba editado, pues yo reflexionaba sobre el tiempo que ha pasado desde entonces, y me daba cuenta que a pesar de esa recaída, el objetivo está casi cumplido. Porque ya no aparecen dibujos como este:


La casa está libre de gritos y cada día más llena de paciencia. Y no, no es más fácil porque las niñas crezcan, porque igual necesitan atención, distracción y me dejan agotada. Y se pelean, y desordenan. Y siguen siendo niñas. Pero la fuerza de la costumbre ayuda. A raíz de esos posts, he recibido comentarios de mamás que persiguen ese mismo objetivo. Por eso me he decidido a compartir algunas ideas que nos ayudan cuando uno se decide a emprender este camino que es difícil pero da muy buenos frutos.

Un buen primer paso para eliminar los gritos del hogar sería analizar en qué momento nos ponemos más irascibles, qué cosas nos hacen perder la paciencia, qué situaciones nos llevan a gritar. Apuntarlas nos puede ayudar a saber si siempre es a la misma hora del día, o si hay una cierta situación que nos pone de más mal humor (a mí me pasaba si intentaba leer un post o peor aun escribirlo en el horario de las tardes cuando estoy con las niñas. Había múltiples interrupciones, yo no estaba ni en una cosa ni en la otra, y mi medidor de paciencia se agotaba a ritmo veloz) La vida que vivimos hoy en día está llena de carreras de un lado a otro, de estrés, de responsabilidades y si tienes hijos, seguramente de una buena falta de sueño y de una dosis de cansancio. A veces es nuestro cuerpo el que no da más, y no tiene nada que ver con los niños.

Pero los niños no merecen esa educación, no merecen los gritos. No entienden por qué gritamos, no saben que estamos cansados o estresados si no se le contamos. Gritar a los niños no les enseña a ser obedientes, les infunde miedo y crecen con menos autoestima y más tristeza.

¿Cómo dejar de gritar y acumular paciencia?

No tengo una fórmula mágica, y estoy convencida que a cada persona hay una fórmula que le sirve mejor que las demás. Pero, de todo lo que he probado, estas serían las ideas que yo daría. Que digo yo, por probar….

La primera idea, es relajarse. Relajarse de todo lo que va acumulando a o largo del día, antes de entrar en casa. De la presión del trabajo, de las tareas del hogar, del tráfico, de lo que sea que nos haya pasado antes de llegar a casa. Hay muchas maneras de relajarse, y también podemos tener distintas maneras según la tensión acumulada.

ESCUELASAFAZEN

TE PROPONGO UNA ACTIVIDAD EXTRAESCOLAR MUY INTERESANTE PARA TÍ Y TUS HIJOS/AS: Si estás buscando una actividad para tus hijos/as q...